THE CONCESSION – HISTORIAS DE LA RYDER
Lo prometido es deuda. Vamos con una nueva entrega de la Ryder:
El día que el honor ganó a la victoria.
Septiembre de 1969. Ryder Cup. Llegamos a esta edición tras sendas victorias del equipo americano en las dos últimas ediciones. Especialmente dolorosa para los europeos la última, de 1967, en Houston con un humillante marcador 23 ½ EEUU – 8 ½ UK & Irlanda, una buena paliza…, el peor resultado de la historia.
El escenario: el campo Royal Birkdale, links inglés clásico, desafiante, con viento y rough que favorecían en teoría a los británicos, más habituados a esas condiciones. Sirva como apunte que Lee Treviño, tras su primera ronda de práctica, bromeaba sobre el campo con su característico sarcasmo: “Es duro. Perdí una docena de bolas… Y ni siquiera había salido del vestuario”.
El ambiente: por primera vez había una sensación de que el equipo británico podía dar un susto a los americanos. Había orgullo nacional y cierta revancha después de tantas derrotas. A finales de los 60 emergieron jugadores británicos con más nivel internacional: Tony Jacklin (el nuevo gran talento europeo), Peter Alliss, Peter Townsend, entre otros.
Un escenario cargado de tensión
Primer día: viernes, 19 de septiembre. Los británicos arrancaron fuertes, algo muy poco habitual en esa época y tras los primeros foursomes y fourballs dejan un marcador favorable de Gran Bretaña & Irlanda 5 – 3 EEUU. Pinta bien.
Segundo día: sábado, 20 de septiembre. Los americanos reaccionaron con contundencia y empataron el marcador, dejándolo en Gran Bretaña & Irlanda 8 – 8 EEUU. Emoción y tensión.
Tercer día: domingo, 21 de septiembre. El viento del norte azotaba el links con intensidad. La Ryder Cup llegaba a su última jornada en la que se jugarían los partidos individuales con los equipos en máxima igualdad. Las tensiones durante el juego habían sido constantes durante los dos días anteriores. Una verdadera contienda a cara de perro con varias disputas en el green en las que cerca estuvieron de llegar a las manos. El capitán británico, Eric Brown, había ordenado no ayudar a los rivales a buscar bolas. El ambiente era áspero, casi hostil.
Cada partido contaba. Cada golpe podía inclinar la balanza. Y finalmente todo se redujo al último enfrentamiento: Jack Nicklaus contra Tony Jacklin.
Nicklaus, a pesar de ser el mejor jugador del mundo en aquellas fechas, se estrenaba en la Ryder Cup. Había ganado ya siete torneos Major, pero la PGA de Estados Unidos tenía una regla un tanto arcaica en aquel entonces: sus jugadores debían adquirir cinco años de experiencia antes de poder sumar puntos para la Ryder Cup.
Por su parte Jacklin venía de conseguir una maravillosa victoria en el Open Británico. Con tan solo 25 años, estaba en plena forma y era el héroe local.
El duelo final: golpe a golpe, punto a punto
Nicklaus y Jacklin salieron al campo el domingo en último lugar conscientes de que muy probablemente su partido decidiría el destino de la Ryder Cup. En los últimos hoyos, ya solo quedaba este partido en liza. El marcador global estaba 15½ a 15½. Si Jacklin ganaba, Gran Bretaña recuperaría el trofeo por primera vez en 12 años. Si Nicklaus ganaba, EEUU se lo llevaría de nuevo. Si empataban, los estadounidenses retendrían la copa como vigentes campeones.
El partido fue tenso, parejo, sin concesiones. El partido trascurría muy igualado. Nicklaus consiguió birdie en el hoyo 16 para adelantarse 1 hoyo arriba. En el hoyo 17, un par 5, Jacklin embocó un eagle que desató la euforia entre los espectadores británicos y dejó el partido de nuevo empatado. Todo se decidiría en el hoyo 18.
Ambos jugadores llegaron al green de dos golpes. Tras un largo primer putt, Nicklaus tenía un putt difícil, de unos cinco pies para par. Lo embocó con firmeza. El público contuvo la respiración. Jacklin tenía ahora su segundo putt de apenas tres pies (1 metro) para igualar el partido con otro par. Corto, sí, pero bajo presión, nada es seguro.
El gesto que cambió la historia
Y entonces ocurrió lo inesperado.
Antes de que Jacklin pudiera prepararse a patear, Nicklaus se acercó, recogió el marcador de su rival y le dijo:
“I don’t think you would have missed that, but I didn’t want to give you the chance.”
(“No creo que hubieras fallado ese putt, pero no quería darte la oportunidad.”)

Grande…!!
Con ese gesto, concedió el empate. El partido terminó igualado. La Ryder Cup también: 16 a 16. Estados Unidos retuvo el trofeo, pero lo que quedó grabado en la historia fue el acto de respeto.
Más que un resultado
El gesto sorprendió a todos. El capitán estadounidense, Sam Snead, estaba furioso. Pero Nicklaus no se arrepintió. Para él, el golf era más que ganar. Era representar algo más grande: la dignidad del juego.
“Fue el momento más noble que he visto en el golf.” – Tony Jacklin
Tiempo después Nicklaus comentó que, aunque estaba convencido que lo embocaría, consideró que un posible fallo hubiera significado para Jacklin un enorme daño moral que le hubiera penalizado durante toda su carrera profesional.
La “Concesión” de Jack Nicklaus a Tony Jacklin es probablemente el gesto de fair play más famoso en la historia del golf. Nicklaus decidió asegurar el empate en la Ryder en lugar de arriesgarse a ganar por un error ajeno. Fue un gesto de deportividad y respeto hacia Jacklin, reconociendo que un fallo tan corto no debía decidir la Ryder.
En un mundo donde el deporte profesional se mide en trofeos y contratos, aquel gesto de Nicklaus nos recuerda que hay algo más profundo en el juego. Que el respeto, la empatía y el honor pueden ser más poderosos que cualquier victoria.
Años después, ambos jugadores diseñaron juntos The Concession Golf Club en Florida, en homenaje a aquel gesto histórico. El campo acoge regularmente relevantes torneos del PGA Tour.
Aquí puedes ver el final de la contienda… https://www.youtube.com/watch?v=MpR1foPTJxg
Si te interesa puedes consultar más en Golf Monthly – “El gesto que definió una era”. https://www.golfmonthly.com/features/why-the-1969-ryder-cup-was-so-much-more-than-just-the-concession
© Golfista curioso
Publicado 13 sep 2025
