Solheim Cup: tres jornadas, 28 puntos y una gran rivalidad
Seguimos en clave de golf femenino, especialmente ahora a las puertas de una nueva edición de la Solheim.
Si aún no lo tienes en la agenda apúntalo ya mismo: del 11 al 13 de septiembre.
¡Así que vamos a prepararnos bien para disfrutar del evento en condiciones!
En esta entrega comparto con vosotros mis averiguaciones al respecto: qué es la Solheim Cup, su historia, su formato, repasaremos cómo nos ha ido a Europa en las confrontaciones con Estados Unidos, y recordaremos los mejores momentos, revisaremos la huella española, y anticiparemos qué nos vamos a encontrar en esta nueva edición de 2026.
Vamos con ello.
Qué es la Solheim Cup y de dónde viene el nombre
La Solheim Cup es el enfrentamiento bienal por equipos entre las doce mejores golfistas profesionales de Europa y las doce mejores de Estados Unidos. Nació en 1990, impulsada conjuntamente por el LPGA (Ladies Professional Golf Association) Tour y el Ladies European Tour.
Pongo el contexto: Como comenté en mi artículo sobre la Ryder Cup, ésta se inició en 1927. Durante muchos años hubo un aplastante dominio estadounidense que la hizo totalmente previsible y aburrida, hasta que el equipo UK dio cabida al resto de Europa, y de este modo Europa rompió el dominio estadounidense en la Ryder Cup con victorias en 1985 y 1987 y el empate en 1989 y de este modo, el cansino devenir anterior se tornó en una estimulante competición a cara de perro entre los dos continentes.
Y fue entonces cuando dos personas decidieron poner su dinero detrás de la idea de montar una competición semejante para el golf femenino. Sus nombres: Karsten y Louise Solheim, un matrimonio noruego-estadounidense. ¿Te suenan? En apenas 5 meses la primera edición se puso en marcha.
En esta imagen los vemos y nos sirve de link a un interesante artículo de la LPGA: A Family Legacy At The Solheim Cup
Karsten Solheim no procedía del mundo del golf. Su vida es una historia realmente apasionante, pero no tenemos tiempo para profundizar… Nacido en Noruega en 1911 y emigrado con su familia a Estados Unidos cuando era niño, era ingeniero y trabajó, entre otras empresas, para General Electric. Empezó a jugar al golf relativamente tarde y, como tantos aficionados, pronto descubrió que algunas partes del juego se le resistían, especialmente el putt.
La diferencia es que Solheim decidió resolver el problema como lo haría un ingeniero.
A finales de los años cincuenta comenzó a experimentar con sus propios diseños y en 1959 fabricó en el garaje de su casa (parece que todo lo grande surge en un garaje) su primer putter al que denominó: PING (por el característico sonido metálico —ping— que producía la cabeza al golpear la bola). Como bien sabemos, aquel experimento doméstico terminó convirtiéndose en una gran compañía y Solheim acabaría revolucionando el diseño de los palos de golf, consiguiendo ser una de las grandes marcas de material de golf del mundo.
Pero como apuntaba antes, para entender la Solheim Cup hay otra persona que no debería quedar en segundo plano: Louise Solheim, su esposa.
La propia LPGA, al reconstruir la historia de la competición, atribuye a Louise un papel fundamental. No fue simplemente «la mujer de Karsten Solheim», sino que participó desde el principio en la aventura empresarial familiar y fue una figura decisiva tanto en el desarrollo de PING como en el apoyo de la familia Solheim al golf femenino.
Y así nació la Solheim Cup. El nombre fue el reconocimiento a la familia que había contribuido decisivamente a hacer posible aquella nueva competición.
La historia: de 1990 a hoy
Los primeros años: dominio estadounidense
Pues bien, la primera Solheim Cup se disputó en Lake Nona, Florida, en 1990, con una previsible y contundente victoria estadounidense por 11½ a 4½. La superioridad inicial parecía lógica: la LPGA llevaba décadas consolidada y Estados Unidos disponía de una calidad de jugadoras que Europa todavía no tenía.
Pero Europa tardó muy poco en demostrar que aquello podía convertirse en una verdadera rivalidad. En Dalmahoy en 1992 consiguió su primera victoria, por 11½ a 6½. Estados Unidos respondió ganando las tres siguientes ediciones (1994, 1996 y 1998) y cerró la década con cuatro victorias en las cinco primeras Solheim.
Europa empieza a equilibrar la balanza
El cambio comenzó a apreciarse con las victorias europeas unos años más tarde: 2000 en Loch Lomond y 2003 en Barsebäck, aunque Estados Unidos no se amilanó y respondió ganando consecutivamente en 2005, 2007 y 2009.
En realidad, el verdadero punto de inflexión llegó en 2011, cuando Europa ganó en Irlanda y dos años después, en 2013 consiguió algo que nunca había logrado: vencer en Estados Unidos. Y lo hizo a lo grande: 18-10 en Colorado, la mayor victoria europea de la historia.
Luego, Estados Unidos recuperó el mando en 2015 y 2017, pero Europa encadenó de nuevo dos nuevas victorias en 2019 y 2021 y logró retener la Copa con un 14-14 en Finca Cortesín en 2023. La racha pareció terminar en 2024, cuando Estados Unidos venció por 15½-12½.
En resumen, el balance histórico queda así: 11 victorias estadounidenses, 7 europeas y un empate, aunque la tendencia muestra una clara evolución. En las diez primeras ediciones Estados Unidos ganó siete mostrando su claro liderazgo; pero en las nueve siguientes se igualó, Europa ganó cuatro, Estados Unidos cuatro y hubo un empate.
Ese progresivo equilibrio de fuerzas ha hecho de la Solheim una competición mucho más abierta, emocionante y atractiva.
En esta infografía podemos ver su evolución.

El crecimiento del formato
La propia competición también fue cambiando y creciendo a lo largo de la historia:
- En 1990 se disputó con solo 8 jugadoras por equipo y 16 puntos.
- En las ediciones 1992 y 1994 se ampliaron los equipos a 10 jugadoras.
- Y desde 1996 se aplica el formato actual: 12 jugadoras y 28 puntos.
El curioso baile del calendario
La Solheim nació en 1990 y se disputaba cada dos años, siempre en años pares. Pero los atentados del 11-S provocaron el aplazamiento de la Ryder Cup de 2001 a 2002. Para evitar que ambas competiciones coincidieran, la Solheim disputó excepcionalmente dos ediciones consecutivas, 2002 y 2003. De este modo pasó a celebrarse en los años impares.
Dos décadas después ocurrió algo parecido. La pandemia aplazó la Ryder Cup de 2020 a 2021 y ambas competiciones volvieron a coincidir. La Solheim reajustó otra vez su calendario disputándose en 2023 y 2024, dos años consecutivos, para regresar a partir de entonces a los años pares.
Así que, por ahora, la regla es fácil de recordar: años pares, Solheim Cup; años impares, Ryder Cup. Hasta que otro imprevisto vuelva a cambiarlo…
El formato: cómo se ganan los 28 puntos
Una de las cosas que hacen especial a la Solheim Cup es que durante tres días las jugadoras se olvidan del formato habitual de los torneos profesionales. La Solheim se juega por hoyos, en match play, y lo único que importa es ganar cada partido.
El sistema es prácticamente el mismo que conocemos de la Ryder Cup. Se disputan 28 partidos, cada uno de los cuales pone en juego un punto. Una victoria vale 1 punto; si el partido termina empatado después de 18 hoyos, cada equipo recibe medio punto. No hay desempate.
Por tanto, para ganar la Solheim Cup hay que alcanzar 14½ puntos. Si el resultado final es 14-14, la Copa no cambia de manos. El equipo que ganó la edición anterior conserva el trofeo.
Y esos 28 puntos se reparten entre tres modalidades: foursomes, fourballs e individuales.
Viernes y sábado: golf por parejas
Los foursomes son la modalidad que más exige a las capitanas a la hora de formar las parejas. No basta con juntar a las dos mejores jugadoras. Hay que buscar compatibilidad de juegos, estrategia y, también, personalidad. Una mala salida de una jugadora obliga a su compañera a resolver el problema; un gran golpe deja a la otra la responsabilidad de aprovecharlo.
En cambio, el fourball permite jugar de forma algo más agresiva ya que una jugadora puede atacar una bandera sabiendo que su compañera tiene una segunda oportunidad o tiene el hoyo razonablemente encarrilado.
Un detalle curioso: la capitana local decide el orden de los formatos (si se empieza las jornadas por foursomes o por fourballs).
Domingo: singles doce contra doce
Las doce estadounidenses se enfrentan individualmente a las doce europeas en 12 partidos individuales, cada uno por un punto. Son los llamados singles.

La capitana juega sin tocar bola
Una capitana dispone de 12 jugadoras, pero durante viernes y sábado solamente puede utilizar ocho en cada sesión. Eso significa que debe decidir quién juega, quién descansa y, sobre todo, con quién juega cada una.
Para el domingo, la elección del orden de salida se convierte en una pequeña partida de ajedrez entre las capitanas. Cada una entrega su alineación sin conocer la de su rival. ¿Colocar a las jugadoras más fuertes al principio para intentar teñir rápidamente el marcador de tu color? o ¿Reservar alguna para los últimos partidos por si todo se decide al final?
De modo que la Solheim no consiste simplemente en reunir a las doce mejores golfistas y sumar sus resultados. Durante los dos primeros días hay que construir parejas, gestionar descansos, detectar quién está jugando bien, decidir cuándo mantener una combinación que funciona y cuándo romperla. Y el domingo hay que pensar en cómo distribuir las fortalezas del equipo.
Momentos que hicieron grande la Solheim
Los resultados explican quién ganó cada Solheim Cup (ya lo hemos visto en la infografía de la historia), pero hay historias concretas que han quedado grabadas en la memoria y que explican por qué la competición se ha convertido en lo que es. Aquí repasamos algunas de ellas.
1992 · Europa descubre que puede ganar
La primera Solheim Cup, en 1990, había terminado con una victoria estadounidense por 11½-4½. Estados Unidos parecía tener todo a su favor: una LPGA mucho más potente, grandes estrellas y mucha mayor calidad de jugadoras.
Dos años después, en Dalmahoy, Escocia, ocurrió lo inesperado.
Europa ganó por 11½-6½. Una buena paliza. Probablemente fuera una de las victorias más importantes de la historia de la competición. La Solheim necesitaba demostrar lo antes posible que aquello podía convertirse en una verdadera rivalidad y no en una exhibición periódica del poderío estadounidense, como sucedió en los inicios de la Ryder Cup.
2000 · Loch Lomond: el chip que no valió
En Loch Lomond (Escocia) 2000, las europeas Annika Sörenstam y Janice Moodie jugaban un fourball contra las estadounidenses Kelly Robbins y Pat Hurst. Nos vamos al hoyo 13 con las estadounidenses 1 arriba.
Cuando llegan al green la situación es la siguiente:
Las estadounidenses están dentro de green y puttean para birdie: Hurst a 3 pies (algo menos de un metro), un birdie casi hecho, y Robbins a un putt más largo.
La europea Sörenstam está fuera de green a unos 25 pies (unos 7,5 metros).
Annika Sörenstam coge el wedge y logra embocar el chip para birdie!
A partir de ahí, como es de esperar que Hurst embocará su putt, el hoyo quedará empatado y el partido seguirá 1 abajo para las europeas. Bueno, eso es lo que todo el mundo cree durante unos segundos, pero no… vamos a verlo.
A continuación, Robbins se coloca para leer su putt, y cae en la cuenta de algo: la bola que había jugado y embocado Sörenstam estaba en realidad unos cuatro pies ¡más cerca del hoyo que la suya!
Es decir: le tocaba jugar a Robbins, no a Annika. Sörenstam ha jugado fuera de turno.
El reglamento entra en escena.
Se avisa al árbitro principal, Ian Randell, que expone la regla aplicable entonces, la 10-1c: las estadounidenses pueden dejar el golpe como está o pueden anularlo y obligar a Sörenstam a repetirlo. No hay penalización, no hay pérdida de hoyo. Solo una opción sobre la mesa.
La capitana estadounidense, Pat Bradley, se adelanta a las jugadoras y les quita de las manos la decisión. Elige la línea dura: que repita.
Tras puttear Robbins, Sörenstam repite el chip. Esta vez no entra. Hurst emboca su putt de tres pies, logra el birdie, gana el hoyo y Estados Unidos se pone dos arriba. El partido acabó 2&1 para las estadounidenses.
La decisión de las estadounidenses era perfectamente legal, pero provocó una enorme controversia. Annika Sörenstam la consideró antideportiva y las imágenes de la sueca llorando se convirtieron en uno de los momentos más recordados de aquella Solheim.
El episodio dejó planteada una pregunta que volvería a aparecer años después: ¿hasta dónde debe llegar la aplicación estricta de las Reglas cuando entra en juego la deportividad?
Europa tuvo, al menos, el mejor consuelo posible: ganó aquella Solheim por 14½-11½.
2013 · Europa conquista América
Hasta 2013, Europa nunca había ganado una Solheim Cup en suelo estadounidense. Estados Unidos sí sabía ganar fuera —lo había hecho en Gales en 1996 y en Suecia en 2007—, pero para las europeas América seguía siendo un techo de cristal.
Europa llegó al Colorado Golf Club dispuesta a romper aquella tradición y terminó haciéndolo de una manera que nadie esperaba: 18-10.
Fue la primera victoria europea en Estados Unidos y sigue siendo la mayor victoria de Europa en la historia de la Solheim Cup.
Además, aquel equipo europeo reunió a una generación especialmente interesante. Allí estaban Suzann Pettersen, Catriona Matthew, Anna Nordqvist, Caroline Hedwall y nada menos que ¡tres españolas!: Azahara Muñoz, Beatriz Recari y una debutante llamada Carlota Ciganda.
Europa se dio cuenta que ya no solo podía ganar la Solheim: podía viajar a Estados Unidos y arrasar.
2015 · El putt que nadie concedió
Probablemente sea, junto con la del chip de Annika Sörenstam, la mayor polémica de la historia de la Solheim Cup.
St. Leon-Rot, Alemania. El partido de fourballs entre Suzann Pettersen y Charley Hull, por Europa, y Alison Lee y Brittany Lincicome, por Estados Unidos, estaba empatado en el hoyo 17.
Alison Lee falló un putt para birdie y le quedó aproximadamente medio metro para terminar el hoyo. Alison entendió que las europeas le concedían el siguiente putt, recogió la bola y comenzó a marcharse hacia el siguiente hoyo.
Pero el putt ¡no había sido concedido!
Suzann Pettersen mantuvo que ellas no habían concedido el putt, y, en consecuencia, aplicando las Reglas de Golf, Alison Lee había levantado una bola que todavía estaba en juego y por tanto perdía el hoyo que por lo tanto ganaba Europa. Las europeas salieron al hoyo 18 1 arriba y ganaron el 18 finalizando el partido 2 arriba.
La decisión provocó una enorme polémica. Estados Unidos llegó a los individuales del domingo perdiendo 10-6, pero protagonizó la mayor remontada dominical de la historia de la competición: consiguió 8½ de los 12 puntos disponibles y finalmente ganó la Solheim por 14½-13½.
Al día siguiente, la propia Suzann Pettersen pidió disculpas públicamente por su actuación. El destino todavía tenía preparado para ella un curioso epílogo cuatro años después.
2019 · Suzann Pettersen: de villana a heroína
Gleneagles. Domingo. La Solheim está completamente en el aire. Empieza el día con empatados a 8. Doce individuales por delante. Europa necesita llegar a los 14½ para recuperar la Copa. A EEUU le basta con 14 para retenerla.
Tras los seis primeros partidos, el marcador sigue empatado a 11. Máxima tensión.
A partir de ahí el juego empezó a inclinarse del lado estadounidense. Jessica Korda ganó a Caroline Masson por 3&2 y puso a Estados Unidos por delante. Después, Lizette Salas, que había ido por detrás al principio, remontó a Anne van Dam y el marcador pasó a 13½-11½ para Estados Unidos
Ese es el momento crítico. Quedaban tres partidos en el campo y a Estados Unidos le hacía falta medio punto. Pintaba mal para Europa.
Los tres partidos eran (Europa – EEUU):
- Anna Nordqvist contra Morgan Pressel
- Bronte Law contra Ally McDonald
- Suzann Pettersen contra Marina Alex
Los treinta minutos:
Nordqvist cerró en primer lugar su partido con Morgan Pressel por 4&3, añadiendo un punto más para Europa: EEUU 13½ – EU 12½.
En el último partido, la europea Law venía remontando su partido y jugaba con 1 arriba el hoyo 17, un par 3. Law puso la bola en el green mientras que la estadounidense McDonald la mandó al búnker de atrás.
Y mientras tanto, el partido anterior, de Pettersen y Alex estaba ya jugando el 18 (un par 5), empatadas. Máxima presión. La europea Pettersen falló la calle por la derecha, las dos renunciaron a llegar de dos a green y tenían un approach para alcanzarlo. Pettersen jugó primero: su bola pasó de bandera y frenó hacia atrás hasta quedar a unos ocho pies (unos dos metros y medio) por debajo del hoyo. La estadounidense Alex se quedó a unos diez pies, por encima del hoyo.
Por lo tanto, Alex puttea primero, cuesta abajo. La bola se va por la derecha. Falla. Turno para Pettersen.
En el rato que Pettersen tarda en leer su putt, por detrás en el hoyo 17, La estadounidense McDonald falla su putt, se acerca a la europea Bronte Law y le concede el partido. 2&1.
El marcador salta ahora a ¡13½-13½!.
Volvemos al green del 18: de golpe, el putt de Pettersen ha dejado de ser un punto más para pasar a ser el putt que gana o pierde la Solheim Cup. Si falla, 14-14 y el trofeo se queda en Estados Unidos. Dos metros y medio.
Suspense… ¡Emboca! 14½-13½. El equipo entero se le echa encima en el green.
Y ahí es en realidad cuando ella se entera. Pettersen no era consciente de la situación cuando putteó. (por suerte…) Pensaba que el último partido venía por detrás, sin saber que en realidad había finalizado en el 17. Lo dijo después: pensaba que Bronte venía detrás y no sabía que aquel era el putt.
Todo esto, los tres partidos, ocurrió en menos de media hora.
Final de infarto.
Pero aún quedan algunos detalles más que aderezan la historia. Suzann Pettersen tenía 38 años, era su novena Solheim, había dado a luz a su primer hijo el año anterior y prácticamente no había competido en dos años. Su elección para el equipo fue una decisión personal de la capitana Catriona Matthew que en su momento había generado dudas. Nada más ganar, anunció que se retiraba: ese fue el último golpe de su carrera profesional.
Difícil imaginar un guion con un final mejor escrito.
2023 · Carlota, en casa, contra Nelly Korda
Si alguien hubiera escrito previamente el guion de Finca Cortesín probablemente habría parecido demasiado perfecto.
La primera Solheim Cup disputada en España. Europa defendiendo el trofeo. Miles de aficionados españoles alrededor del campo. Y, cuando todo se decide, Carlota Ciganda jugando contra una de las grandes estrellas estadounidenses, Nelly Korda.
Europa había comenzado el domingo con empate 8-8 y necesitaba alcanzar los 14 puntos para conservar la Copa. Los individuales fueron consumiéndose y, poco a poco, quedó claro que aquello iba a llegar hasta el final.
Carlota había llevado la iniciativa durante buena parte de su partido, pero Korda consiguió empatarlo en el 15. Tres hoyos por jugar. La Solheim en el aire.
Ciganda es consciente de la criticidad de su partido para el desenlace final. Logra sacar adelante un birdie en el hoyo 16 para ponerse 1 arriba. Dos hoyos por jugar.
Llegamos al hoyo 17, un par 3 de unas 145 yardas. Aquí hay otra historia.
Carlota elije jugar el hierro 8. Su caddie, Álvaro Alonso, nota que Korda no está mirando a Carlota, sino a él buscando el palo en la bolsa para averiguar cuál iba a jugar. Así que le da el palo a Carlota y decide hacer un gesto con los dedos hacia el spotter de televisión: hierro 7. ¡Pura picardía!. (Nota: El spotter es la persona que, desde dentro de las cuerdas, informa por radio a la televisión del palo y la distancia de cada golpe)
Carlota pega su hierro 8 y deja la bola a un metro escaso de bandera.
La treta funcionó tan bien que aquella noche varias crónicas internacionales publicaron que Carlota había jugado un hierro 7.
Korda no pudo igualarlo, falla el green y se queda fuera, pero no se rinde. Se lo piensa mucho antes de decidirse por un chip suavísimo. Lo ejecuta a la perfección: la bola sale rodando despacio, mordiendo el borde del hoyo, pero pasa sin entrar. Korda se derrumba de rodillas sobre el green.
Turno de Carlota. Un metro. Lo emboca. ¡Birdie! Partido cerrado 2&1. Punto para Europa.
Ese punto justamente llevaba a Europa a los 14. En este video puedes ver los Highlights del partido Ciganda vs Korda
La Solheim terminaría 14-14, y como Europa era la defensora del título, conservaba la Copa.
¡Carlota había conseguido el punto decisivo, en España, ante su público y derrotando a Nelly Korda!
Pocas veces deporte, escenario y protagonista encajan de una manera tan perfecta.
La huella española
España tardó diez años en aparecer en una Solheim Cup. Las primeras cinco ediciones se disputaron sin presencia española hasta que, en Loch Lomond en el año 2000, Raquel Carriedo abrió el camino.
Desde entonces, siete españolas han disputado la competición y han acumulado 17 presencias en equipos europeos. Desde 2009, España ha estado presente en todas las ediciones.

Colorado 2013: tres españolas haciendo historia
El momento de mayor presencia española llegó en Colorado 2013. Europa presentó un equipo en el que coincidieron tres españolas: Azahara Muñoz, Beatriz Recari y Carlota Ciganda.
En esa edición Europa ganó por 18-10 y consiguió, como apuntaba antes, algo que nunca había logrado: vencer a Estados Unidos en suelo estadounidense.
Carlota Ciganda, en su propia liga
Si hay un nombre que destaca claramente sobre todos los demás es el de Carlota Ciganda.
Debutó en 2013 y ha participado en siete ediciones consecutivas hasta 2024.
En 2023 llevó la relación entre España y la Solheim a su punto culminante. Por primera vez, la competición se disputaba en nuestro país, en Finca Cortesín, Málaga, con Carlota como única representante española.
El desenlace ya lo he contado: no hace falta repetir aquí aquel extraordinario partido contra Nelly Korda. Basta recordar que Carlota terminó aquella semana con un registro perfecto de cuatro partidos jugados y cuatro ganados, incluido el punto que aseguró a Europa la retención de la Copa.
Solheim Cup 2026: Bernardus, capitanas y equipos
La próxima Solheim Cup está ya muy cerca. Se disputará del 11 al 13 de septiembre de 2026 en Bernardus Golf, en Cromvoirt, Países Bajos. Será la 20.ª edición de la competición y la primera vez que los Países Bajos acogen una Solheim Cup.
El campo: Bernardus, un escenario nuevo
Bernardus es un campo muy joven. Abrió en 2018 y, pese a su corta historia, ya ha acogido tres ediciones del abierto nacional de Países Bajos, entre 2021 y 2023.
Europa jugará en casa, pero llegará con una obligación: recuperar la Copa. Estados Unidos se impuso por 15½-12½ en 2024.
Dos capitanas con mucha Solheim a sus espaldas
Europa estará dirigida por Anna Nordqvist, una de las grandes veteranas de la competición. La sueca ha disputado nueve Solheim Cups como jugadora, además de ganar tres majors.
Estados Unidos estará capitaneado por Angela Stanford, siete veces ganadora en el LPGA Tour y participante en seis Solheim Cups. Será su primera experiencia como capitana.
Dos debutantes como capitanas, por tanto, pero dos mujeres que conocen perfectamente lo que significa una Solheim Cup.
Los equipos

Anna Nordqvist cerró su equipo europeo a principios de agosto. El equipo combina experiencia y una importante renovación. Cuatro jugadoras debutarán en la Solheim: Lottie Woad, Julia López Ramírez, Nastasia Nadaud y Mimi Rhodes. Nordqvist ha elegido como una de sus cuatro invitadas a Julia López Ramírez, que con 23 años disputará su primera Solheim Cup.
Y en el otro extremo están Charley Hull y Carlota Ciganda, que disputarán nada menos que su octava Solheim Cup.
¡Así que en esta edición contamos con dos españolas!
¡Las espadas están en todo lo alto!
Para terminar
En tres décadas y media, la Solheim Cup ha construido una historia llena de grandes jugadoras, remontadas, polémicas y momentos inolvidables.
Pero quizá lo que mejor explica su atractivo sea algo mucho más sencillo: durante tres días, un deporte esencialmente individual cambia por completo. Ya no se juega solo por una misma. Se juega por doce compañeras, por un equipo y por un continente.
Y eso hace que la Solheim sea especial.
Estoy seguro de que, después de todo esto, tendremos aún más ganas de sentarnos a disfrutar de la Solheim la próxima semana. ¡Yo, al menos, sí!
¡A disfrutar!
© Golfista curioso
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Está claro que este edición del torneo se presenta muy interesante y sobre todo dará mucho que hablar por el tipo de juego de muchas golfistas que al enfrentarse una a una será todo un espectáculo.
¡Felicidades! Un gran artículo.
Un saludo desde Suecia
Gracias Pablo!. La modalidad Match Play siempre es emocionante