Mapa LIV Andalucía Valderrama 2026

Un día con la LIV en Valderrama, Alcornoques, Música y mucho Golf

Decidí empezar el día yendo a dar unas bolas a mi campo. Y luego a Valderrama, a la LIV. Me dije: ya que no estoy inscrito, voy a ir al fallo… Vaya, pues parece que no hubo cancelaciones de última hora, así que me quedé sin competir y me tuve que contentar en asistir como espectador. Qué le vamos a hacer…

Así que, ahora ya en serio, comparto con todos vosotros mis impresiones y reflexiones, como siempre personales.

Por cierto, ¿de dónde viene LIV?, pues para quien no lo sepa…, LIV significa 54 en números romanos. El nombre hace referencia a los 54 hoyos con los que nació el circuito y también a la puntuación perfecta teórica de una vuelta de golf: 18 birdies. Aunque curiosamente, la propia LIV ha terminado adoptando los 72 hoyos tradicionales.

Supongo que ya todos lo sabéis, salen a tiro, a las 13:15. A partir de las 11:00 puedes verlos entrenando, algunos con pantalón corto y camiseta, otros ya vestidos para competir. El espectáculo está en el putting green y la cancha de prácticas. Siempre interesante, verlos de cerca.

LA CANCHA DE PRÁCTICAS: DONDE TODO PARECE FÁCIL

Empiezo con la cancha de prácticas. Tanton buenos swings juntos la verdad es que apabullan… Repleto de jugadores, caddies y coaches. Cada cual con sus ayudas: cámaras, varillas de alineación, toalla en las axilas… Todos parecen tratar de repetir rituales y centrarse en ejecutar su swing de forma tranquila y relajada. Nada de dar tres o cuatro bolas por minuto como nos gusta hacer a algunos acelerados…, y eso que las bolas son gratis, por cierto, Titleist luciendo un blanco impecable, como no podía ser de otra manera.

Cada bola que dan parece ser un golpe importante.

El día sopla con algo de poniente. Algo bastante habitual por esta zona, ya sea poniente o levante. Pero a la bola parece darle exactamente igual. Sale recta hacia el objetivo y así permanece hasta que, ya al final, cuando empieza a perder altura, acusar algo el viento. Puedes observar cómo en la hierba del suelo van perfilando unos perfectos canalillos, a medida que de forma repetitiva y sistemática van sacando chuletas perfectamente medidas y alineadas.

Alguno empieza ahora su práctica con el driver. La bola se pierde en el cielo y únicamente atisbo a ver cómo la parte alta de la valla del fondo de la cancha acusa el impacto. Lo mido… La valla está a 250 metros y parece tener una altura de unos 20 metros… Impresionante, la distancia y el rumbo, repetitivo siempre al mismo punto, incluso cansino…

EL PUTTING GREEN Y LA FERIA DE LOS ARTILUGIOS

Si la cancha de prácticas es un espectáculo, no hay que perderse el putting green. La preparación del campo es, como viene siendo habitual en Valderrama, excelente y en particular los greenes están muy rápidos, supongo que entre 12 y 13. Así que es importante afinar el putt. Como todos coinciden por la salida a tiro, el putting green está repleto de jugadores.

A unos pocos metros veo a Bubba Watson, Jon Rahm, Ian Poulter, Cameron Smith, Joaquín Niemann, Tyrrell Hatton, Sergio García, Dustin Johnson y unos cuantos más. No todos los días tiene uno reunidos a tantos jugadores de ese nivel en apenas unos metros cuadrados de putting green.

Pero, lo más destacado, lo que más me llama la atención, es la feria de artilugios que cada uno utiliza para practicar el putt: niveles, cuerdas, placas, tubos, tees, varillas, … Increíble. Cada maestrillo tiene su librillo y no hay dos iguales. Hago fotos.

Me fijo en especial en Ian Poulter que llega con una mochila “de fontanero” (bueno, él no, su caddie) con varios tubos de PVC blanco. A modo de mecano empieza a montar el artilugio que finalmente resulta en una estructura que le sirve para marcar el desplazamiento de la línea del putt.

SALIDAS A TIRO, MÚSICA Y AMBIENTE LIV

Nos acercamos a la hora de inicio y se preparan las típicas furgonetas negras para llevar a los jugadores a sus tees de salida. Nos vamos para el tee del 1 a ver salir a los lideres. Estos parecen tener el privilegio de ser anunciados y disfrutan de un tratamiento musical personalizado. Me explico: les ponen la canción que hayan elegido para el momento de su salida. Supongo que eso ayuda a salir enchufado… Tendré que probarlo…

Bueno, ya sabéis que una de las peculiaridades de la LIV es que hay música a lo largo del recorrido. Altavoces distribuidos por el campo te acompañan durante todo el evento con su machacona música. Eso sí cuando los jugadores van a golpear, los voluntarios se apresuran a solicitar el silencio de los espectadores…, ¿tal vez para que puedan escuchar más nítidamente la música…?

Bueno, he de reconocer que la música no molesta, porque entras en modo “hilo musical” (seguro que los viejos del lugar sabrán de lo que hablo) y finalmente no te das cuenta de que está sonando. Así que molestar no molesta, pero tampoco sé si en realidad aporta algo a parte de ser un distintivo de este circuito.

Por cierto, si alguien quiere oír la música o motivase con ella (igual hay que probarlo) aquí os dejo el link a una de las playlist en Spotify.

VER A LOS PROFESIONALES DE CERCA

He tenido la suerte de asistir a varios torneos profesionales: Masters, The Open y algunos Opens de España. Y cada vez estoy más convencido de que uno de los mayores atractivos de estos eventos no es tanto seguir la competición como ver de cerca a esos jugadores que normalmente observamos a través de una pantalla.

En realidad, para seguir la competición y conocer el desenlace de un torneo no hay nada como el sillón de casa. La televisión te enseña más golpes, más jugadores y te cuenta mejor lo que está pasando.

A mí me gusta ir al campo por otras razones: me gusta ver a los jugadores, me gusta sentir sus golpes, me gusta conocer el campo y me gusta compartir el mismo espacio con jugadores, caddies y público. Eso la televisión no puede darlo.

Pero bueno, vamos con los jugadores…

Siempre me ha llamado la atención su estilismo. Su porte. Su forma de caminar. La ropa impecable. Los zapatos, que parecen recién estrenados. ¿Os habéis fijado? Hay algo de desfile de modelos en todo esto.

Y luego están los comentarios…: «Pues no parecía tan alto en la tele», «Pues sí que ha adelgazado», «Pues este es más bajo de lo que imaginaba»…

A algunos los ves caminar y sabes que son jugadores de golf. ¿No os parece? Los caddies no tienen esos mismos andares… A lo mejor es porque van cargados…

Me gusta observar el ritual antes de golpear la bola. Parece ser parte de un proceso de concentración, de visualización, de focalización… Realizan algunos movimientos de practica que tienen como rutina para sentir algunas partes del swing y se colocan a la bola donde suelen permanecer algunos segundos impasibles antes de iniciar el backswing. Todos transmiten la sensación de estar completamente absorbidos por lo que están haciendo.

Creo que una de las diferencias entre los amateurs y los profesionales es esa capacidad de concentración previa a cada golpe.

Me gusta ver esos swings amplios, con ritmo, en los que el palo se mueve muy alejado del cuerpo (como recuerdo me repetía mi profe Alejandro) y cómo tras impactar a la bola el palo sale despedido hacia adelante. Y esos chips en los que el palo se desplaza con suavidad a través de la hierba impactando a la bola y manteniendo una ligera aceleración creciente.

Cuando les sientes jugar, ésto es, los ves y los oyes, te das cuenta de que, en realidad, eso es otro mundo. Si, juegan un campo muy parecido al nuestro, algo mas largo. Pero fuera de eso, es otro mundo.

Notas un impacto con la bola sólido, limpio, perfecto (al menos para mi escala de apreciación, seguro que ellos no están siempre tan satisfechos), un sonido redondo, dibujando una trayectoria… Bueno la trayectoria de la bola no tiene nada que ver con la mía… recta, ascendente, firme… no sabría cómo explicarlo, porque la mía también en recta y ascendente… pero no… el que lo haya visto seguro que me entiende.

OTRA FORMA DE ENTENDER EL GOLF

Los jugadores avanzan por el campo en grupos de tres. Por cierto, parece que la LIV en un proceso de maduración, abandonó ya etapa en la que los jugadores lucían pantalón corto. Ahora todo resulta más serio: pantalón largo y cuatro días de competición.

Bueno, pues como decía los jugadores van cubriendo los distintos hoyos sin prácticamente interacción entre ellos. Cada uno va a su bola y nunca mejor dicho. Juegan juntos, pero creo que en muchas ocasiones pueden finalizar la ronda sin haber intercambiado palabras entre sí.

Supongo que eso también tiene que ver con el nivel de concentración que mantienen durante toda la ronda. Cada uno lo afronta a su manera. Ahí está DeChambeau, por ejemplo, que vive cada vuelta con una intensidad increíble. Es un espectáculo observarlo. Da la sensación de que está permanentemente analizando, calculando o procesando algo. Solo parece relajarse cuando se acerca al público para palmear manos entre green y tee. Se agradece poder palmear con él y vivir la cercanía. Un 10 para él aunque su swing no sea mi preferido.

Y hablando de cosas que me llaman la atención, está el ritmo de juego. Me parece lento. Más de cinco horas jugando en grupos de tres, con caddie, y dando bastantes menos golpes que nosotros. Claro que ellos podrían responder que precisamente dan menos golpes porque se toman más tiempo para pensarlos…

Bueno, que me parece lento. Pero también es verdad que para qué correr si no tienen otra cosa que hacer en todo el día…

En cuestión de ritmo de juego, no creo que muestren un modelo en general a seguir. Pero claro, la competición consiste en dar el menor número de golpes posible, no en terminar antes que nadie.

Por cierto, aquí sí está permitido el uso de medidores de distancia. Sin embargo, quien piense que eso acelera significativamente el juego probablemente se equivoca. La distancia es solo una pieza más dentro de todo el proceso. Antes de cada golpe hay cálculos, comprobaciones, conversaciones con el caddie, análisis del viento, de la pendiente, del lie, de la estrategia… Comparado con todo eso, medir la distancia apenas ocupa unos segundos.

VALDERRAMA, EL VERDADERO PROTAGONISTA

Valderrama figura entre los mejores campos de Europa y, después de pasar un día entero recorriéndolo detrás de los jugadores, resulta fácil entender por qué. Diseñado originalmente por Robert Trent Jones, es un campo exigente. Estrecho. Repleto de alcornoques que parecen esperar pacientemente el error. Un campo donde prácticamente cada golpe te obliga a tomar una decisión y comprometerte con ella.

He estado en varias ocasiones, aunque todavía no he tenido la oportunidad de jugarlo. Espero poner remedio a eso más pronto que tarde.

Así que Valderrama no es un campo amable, pero si creo que en esta ocasión para la LIV ví que el rough estaba algo mas domesticado que en otras ocasiones. Los greenes sin embargo rápidos y peligrosos.

A pesar de que hay rincones muy tentadores, como la sombra junto al green del 10, con las sillas junto al chiringuito de Estrella Damm y una vista magnífica de la aproximación al hoyo, a mí me gusta moverme por el campo, de un hoyo a otro, seguir a algún grupo un par de hoyos y dejarlos luego para ver a distintos jugadores.

Hay partidos que arrastran multitudes. Los de Rahm, Sergio o DeChambeau suelen ir acompañados por una pequeña procesión de espectadores. Pero también me gusta seguir a otros jugadores que avanzan con menos público detrás y que, sin tanto foco mediático, producen golpes igual de extraordinarios.

Recuerdo ver a Ian Poulter y Lee Westwood jugando el 14, un par 4 corto que ambos afrontaron de forma muy distinta. Westwood sacó el driver y consiguió dejar la bola a unos 20 metros del green, pero rodeado por los siempre amenazantes alcornoques. El resultado fue un bogey. Poulter optó por un hierro, se mantuvo alejado de los problemas y acabó sacando un par sin mayores sobresaltos.

Cuando llegas al campo eres tú quien decide: ¿dónde vas? En la televisión te lo dan todo cocinado. Aquí tienes que currártelo. Y eso también tiene su encanto.

Puedes colocarte en el tee y observar la elección del palo, la rutina previa al golpe, la concentración y la salida de la bola. O puedes esperar en el green y ver cómo se resuelven finalmente los hoyos.

Por cierto, he de mencionar que el sistema de pantallas gigantes instalado en el campo funciona de maravilla. Muchos greenes disponen de una pantalla donde no solo aparece la clasificación, sino que además te indican en tiempo real quién va a golpear hacia ese green y desde qué distancia. Se agradece mucho porque no siempre es fácil, desde lejos, saber quién está pegando. La verdad es que no recuerdo haber visto este sistema tan bien afinado en otros torneos.

Y luego está otra opción que me gusta: buscar las zonas de fallo. Colocarte donde probablemente caerán las bolas desviadas. Esperar y ver cómo el jugador se aproxima a apenas unos metros de distancia para resolver la situación.

Ir al campo es siempre es algo muy especial. Ver el espectáculo en su globalidad: campo, jugadores, caddies, publico… Vivirlo. Sentirlo. Me gusta ir viernes y sábado y ver el domingo por la televisión.

¿Y ENTONCES, QUÉ TAL LA LIV?

Vale, y en resumen ¿cómo fue la experiencia LIV?

He de confesar que, de entrada, la LIV no terminaba de convencerme. Pero ya que la tenía tan a mano, me pareció una buena oportunidad para verla de cerca y formarme una opinión propia.

Como espectáculo es interesante. Un tono más festivo y desenfadado, que también puede encajar muy bien para el público joven. El formato salida a tiro te proporciona como espectador espectáculo simultaneo en todos los hoyos. Como consecuencia, la duración es más reducida, pero tampoco me parece un problema.

He de reconocer que me ha gustado más de lo que esperaba. Aun así, si me dais a elegir, sigo quedándome con el formato clásico.

La competición por equipos: me pilla algo alejada de mi foco. Entiendo lo que pretende, pero no termino de conectar con ella. Aunque imagino que quien sí estará encantado es la tienda de merchandising.

Y hasta aquí lo que quería contar. La verdad es que una de las razones para asistir era el hecho de tal vez estamos hablando de un formato en riesgo de desaparición por los conocidos problemas de financiación. Mantener una estructura de este nivel resulta enormemente costoso. Hay que mover jugadores, equipos, personal, televisión, patrocinadores… y además pagar contratos multimillonarios. No parece fácil sostener algo así durante mucho tiempo.

Más aún cuando cada vez son más las voces que cuestionan si aquí están realmente los mejores jugadores del mundo. A pesar de lo que cobran.

En cualquier caso, si algún día la LIV desaparece, al menos me quedará el recuerdo de haberla visto de cerca. Y, sobre todo, la certeza de que, más allá de formatos, música o polémicas, ver jugar al golf a estos tipos sigue siendo algo extraordinario.

© Golfista curioso 2026

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